Dios: Él crea un papel y traza una línea sobre él,
todo es blanco y la línea lo cruza.
Dios: Esta línea será tu vida junto a otras miles.
Pero esto es tan monótono, necesito aire.
Dios: ¿Aún sigues allí? te voi a extender.
¡No deseabas vivir una, pues te la acabo de trazar!.
Dios: Allí la tienes disfrútala, hazme notar si ya terminas que debo ocupar el papel en algo más útil.
Dios: ¿Por qué lloras?, deberías mostrar agradecimiento.
(Despierta el hijo y se acerca a su padre)
Dios: ¡Oh hijo mío, has despertado!, ¡Alegría es lo que me causas!
Hijo: ¿Padre no es eso una vida?
Dios: ¡No!, tan solo planes.
Dios: Corto en dos la hoja y..... ¡Yá!, no esta el trozo borroneado,
puedes hacer figuras con papel.
Hijo: No padre no lo quiero.
Hijo: ¿Se parecía a nosotros?, lo cortaste por que el podia vivir,
por que todo para el tenia sentido, por que él era más felíz.
Dios: ¡No! hijo era solo un pensamiento, simples
experimentos de un viejo.
Hijo: ¿Padre, me puedes dibujar?, Yo quiero sentir lo mismo que él.
Dios: ¡No hijo ve a jugar!.
Hijo: ¿Si me dibujas y llegase a actuar como él, me eliminarás también?
Dios: No es una buena pregunta la que haces, hijo.
Hijo: Per una vez yo viví, ¿No me borraste?.
Dios: Necesitaba compañía, alguien que cuide de lo ya creado cuando llegue mi ausencia,
aquí podemos reinar y disfrutar de mil maravillas, todas eternas e imperecederas.
Hijo: Entonces, ¿Borro mis dibujos?
Dios: Si son demasiado buenos, claro, debes conservar el toque de imperfección
tan necesario. El equilibrio es siempre algo fundamental, ¿está claro?.
Hijo: Supongo, pero aveces hablan, lloran, sienten y sufren, eso conmueve.
Dios: Los borras, es necesario.
Hijo: Los eliminaré.
Dios: ¿Está todo bien ahora?
Hijo: Supongo.
Dios: Dirígete al árbol del jardín.
(Él niño toma su pila de dibujos, los ordena y los pone en un libro. Al cabo de un instante llama al ángel de su ventana y le encarga que vuele a una estrella lejana y deposite los dibujos bajo una piedra cualquiera. Así empezó el génesis, y el niño ya no detestó su vida jamás pues encontró el verdadero edén, las puertas que ya no dejara atrás.)
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