jueves, 12 de junio de 2008

Hermosos recuerdos de mi niñez se vienen a mi mente, al recordar todo esto, e intentar relatarlo. Vivía en La Serena, con mi familia en una pequeña y modesta casa, pero no por ello menos acogedora y confortable para los cuatro que viviamos en ella. Cuando pequeño, por alguna razón que quizás muchos comparten, las amistades eran tan espontáneas que no recuerdo cuando ni como hice amigos en esa calle, solo se que compartía con ellos dia y noche y que extrañabamos cuando alguno no podía salir, e inclusive lo esperabamos fuera de su casa sin jugar,para que no sintiera ese terrible momento de encierro aún peor de lo que era. Jugabamos largas horas a la pelota o tirabamos huevos a la casa de la vecina que no la devolvía cuando caía en su patio, recorriamos la pequeña población buscando algun otro vecino que no conocieramos, jugabamos con nuestos amigos perros y gatos así como también con autos y bicicletas. Una tarde supe una noticia que cambiaría algunas cosas, tendría que cambiarme de hogar, mi padres ahora habían cumplido su sueño de la casa propia, a punta de esfuerzo y trabajo. Me despedí de mis amigos, pero no fue una gran despedida, pues mi casa no quedaba muy lejos de la vieja población, y ellos podrian ir a visitarme todos los fines de semana. Paso el tiempo y las visitas ya no eran tan frecuentes y pasó cerca de un año. En mi nuevo hogar hice nuevos amigos y el entorno cambió, ya algo mas grande, tenía cerca de 12 años.
Por esas cosas del destino una tarde mientras jugaba con ellos, tocaron al citófono, corrí dentro de mi casa por que ese aparato sonaba como una alarma -y se escuchaba su sonido hasta en Marte- y contesté, era un niño como yo:

-Hola, me ayuda con algo para comer porfavor-.

Suena terrible, podría decir que me pedía ropa, un juguete o alguna cooperación monetaria como suelen decir personas que se acercan a nuestras puertas buscando algún tipo de ayuda con fines tristes, pero este no era el caso, pedía "algo para comer". Mi casa quedaba alejada de la portería y la reja, por lo que la posibilidad de ir a dejar un pan quedaba anulada por la flojera y haber dejado a mi equipo con uno menos:

-Disculpa no tengo nada- dije con tono bien apresurado.

-Ah ya, no importa- respondieron por el otro lado.

Y antes de colgar dijo:

-¿Jorge?- (como preguntando si reconociese en mi voz un conocido suyo llamado Jorge).

Me extrañé e inmediatamente pensé que buscaban a mi padre (que tiene el mismo nombre que mi hermano) y en ese momento no estaba, por lo que dije:

-Está ocupado, déjele el recado- (en realidad estaba solo con mi hermano, como casi siempre, mis dos papas trabajaban y la respuesta fue algo idiota, no debería haber contestado el citófono “pensé”).

-Ah ya no importa, chao-.

Salí de mi casa, chutié la pelota y recordé la voz, era Bernardito. Corrí a la puerta pero ya era tarde, no había nadie, salí del condominio y recorrí la cuadra pero no lo encontré, en realidad buscaba a mi hermano. Algo angustiado me rendí y volví a la casa a la media hora, y seguí jugando con los demás. Seis años después, volvió esta experiencia a mi mente sin razón aparente y la reflexioné a profundidad. ¿Qué significado tiene esto?, acaso sí tengo la culpa y debí preguntar quien era... a veces vuelvo a preguntarme esto, y ya perdí la cuenta las veces en que viene a mi mente y aun no encuentro la respuesta, algunas veces toma la forma horrible y despreciable de un -negarle comida a un amigo-, pero en otras ocasiones prevalece la inocencia de la niñez y me perdono eximiendome de toda culpa. Sabía que Bernardito tenía cuatro hermanos más y que la plata no le sobraba, su papá era carabinero y vivía a cinco casas de la mía, mas nunca imaginé que llegaría a mi casa pidiéndome algo como eso. Me pregunto, ¿Cuál es la lección que me deja todo esto?, ¿Simplemente una cachetada gratuita de la mano terrible conocida como vida?, ¿Qué carajo podría aprender de todo esto?, ¿En realidad es esto una lección?, ¿Debería tener cargo de conciencia por tener y siempre haber tenido una familia con ingresos económicos estables y por poder comer lo que quiera a la hora que quiera?, ¿Qué carajo piensa la naturaleza dándome cuanta tontera pido y necesito cuando en realidad no me he ganado nada?...


jueves, 22 de mayo de 2008

Durante un tiempo
fui joven,
y, durante un tiempo,
eso fue bueno.
Mis tiros buscaban
todas las dianas del mundo.

Los últimos años
me sentí viejo,
y eso, durante un tiempo,
también fue bueno.
Jamás tuve miedo a la edad,
tan sólo al olvido.

Ya no remontaba los ríos
a golpes de orgullo,
pero me bastaba con tensar el arco
sin llegar a dispararlo jamás.
Así, desaparecieron todas las dianas,
dejé de buscar
y, de repente, el mundo cambió ante mis ojos.Fui feliz.

El color del pasado

El color del pasado
Recuerdas cuando jugabamos
aquellas tardes enteras, sin preocuparnos de nada
cuando nuestra amistad era inquebrantable
cuando crecíamos sin tener conciencia
¿Cuando pintabamos el mundo del color de nuestros ojos?.
Un día gris, nublado y frío
partimos, todo quedó
ambos perdimos el juego
quebrantamos lo inquebrantable.
Nada calla tanto y se escucha tan fuerte
cuando anhelamos el pasado.
No volverás a tener lo que tenías
lo que creíamos hace mucho inmortal
así sucedió, no compredía cuando dijiste
"valora lo nuestro, nada es eterno".
Tú siempre lo viste
todo más claro
el tiempo pasa, algunos recuerdos mueren,
estas líneas alivian en parte el dolor.
Lo que pude y creí correcto
cosas que anhelo, que jamás hice
vidas de otro color.


El mar a oscuras


Nací lejos en la costa, acostumbrado a ver el pueblo desde la altura de mi hogar, algunos cientos de escalones hacia arriba en espiral. Una noche melódica y brillante llevó mi vida hacia la eternidad. Por primera vez observé sus ojos entre la multitud, la hermosa rosa bella y única rodeada de espinas, feroces, en una recóndita colina nevada. Todos los días bajaba al pueblo y acostumbraba verla desde la distancia siempre con la certeza de que jamás pudiera verme, rezando por que me vea. Cegados días y alumbradas noches mi faro jamás parpadeaba y el pequeño muelle con gratitud mi labor destacaba, sus hijos cada noche volvían de entre la oscuridad a desembarcar el tesoro del mar otorgado, llegaban a la seguridad del muelle que gracias a mi luz finalmente vislumbraban.
Noche tras noche cuidando la señal, mis ojos derramaban lágrimas por saber la desgraciada suerte que corría, nunca tuve la oportunidad de vencer el pánico que diariamente me atacaba, el hecho de jamás haber tenido la milagrosa ocasión de que se enterara que esta alma existe gracias a ella, me torturaba, agitaba mis hasta entonces tranquilos mares, mi embarcación se inundaba. Aquella noche ignorando el temor surgió aquel valor que jamás estuvo presente en toda mi vida, y a merced del destino nuestras vistas se cruzaron. Atrapados por la magia durante la noche, ese momento no se desvaneció. Ella prometió ser mía por esa eterno instante.
Atravezando el invernal camino la luna esa noche no se mostró, y con el eterno recuerdo de aquella noche que aun no termina hacia mi hogar lleno de ilusiones me encaminé. Nunca tuve la oportunidad de observar que me golpeó, la maldad en vida me ahorcó y caí al suelo desvanecido sin energía, tendido sobre el campo medio nevado las horas pasaron y el otro día rápidamente se esfumó.
Con el vivo recuerdo de aquella mujer, mi dulce eterno amor, todo me parece ahora demasiado oscuro, una mirada inconsciente e instantánea en dirección a mi hogar, tomo consciencia, mi faro iluminado no está. No hay guía, no hay luz, el sendero oscuro, mis barcos están a la deriva cegados en la fatídica noche invernal. Nadie que alimente la luz, por favor luna llena si has iluminado la noche por mí, ¡Dame una señal!, ¡Marineros todo se encuentra normal!.
Mi presencia es aborrecida, ¿Como puede un alma inoscente cargar con tanta culpa y maldad?. Lo que jamás quize oir ahora por todo el pueblo circula, sus miradas me quitan vida lentamente. Todos a bordo del Perla han muerto, el arrecife los atrajo silenciosamente a su fatal destino mientras mi faro debía ser la luz de la noche. Sin pensar corro a mi torre, y observo el océano con aquellos ojos que jamás imaginé, devuélvelos.El martillo truena contra la madera, declarada mi inocencia ésta es una muerte en vida, mis días han llegado y sigo aquí con vida. ¿Cómo podre seguir viviendo con tal suceso a mis hombros?, nadie puede amar a aquel que cuidaba la luz y la abandonó por una egoísta noche de amor. A veces Dios juega con nosotros, cuanta desgracia se puede tolerar, fútiles vidas y destinos perdidos, los dibuja a todos menos el mío, estoy sangrando pero ya sin corazón.
Escalones pasan y pasan, océanos negros, ¡tráguenme!, mi pequeña torre, selló mi eterna noche. Una sola dirección, hacia abajo, más rápido. El padre del hijo sin nacer espanta mis últimas gotas de esperanza, todos en el Perla han muerto, ayúdame a terminar su odio, arriba mi luz desaparece en el cielo, océanos negros me entrego traigan paz a mi pueblo, confío en la luna iluminará las noches invernales. Océanos negros, clamen y exijan por mi vida, abajo ellos por fin me perdonarán.